Ayer sentí miedo, no es la primera vez que lo siento y no es un sentimiento desconocido para mí. No me considero una persona ni demasiado cobarde, ni demasiado valiente. Supongo que a lo largo de mi vida he tenido etapas en las que he sido más valiente y otras es las que el miedo me ha superado.
Supongo que todos hemos sentido miedo alguna vez, no sentirlo sería más bien propio de algún temerario y, en mayor o menor escala, todos hemos estado asustados.
Siempre he pensado que sólo se siente miedo cuando se tienen cosas que perder, cuando lo que pasa a tu alrededor no te es ajeno, cuando sientes que en mayor o menor medida puedes perder el control de la situación, o cuando sientes que tus sueños o deseos pueden verse amenazados.
En realidad, mi miedo de ayer era un poco irracional, estoy sometida a bastante presión estos días y el hecho de que a mis 29 años aún no sepa qué me va a deparar el futuro, a veces, me paraliza. Sentí miedo por no saber qué va a pasar ahora que parece que va a empezar una nueva etapa en mi vida en el terreno profesional. Estoy deseando ya dar ese paso, pero es justo ese deseo, el que hace pueda sentir miedo a que no se cumplan mis expectativas.
En medio de mi ataque de pánico de ayer apareció ella, me calmó, me mostró la perspectiva que me faltaba, me tendió una mano con la cual anclarme cuando mi equilibrio se estaba viendo amenazado. Conoce todo de mí, mis miedos, mis inseguridades, lo mejor de mí y lo peor. Sabe todo de mí al cien por cien, aunque no hable, aunque yo no diga nada ella lee dentro de mí como si todo estuviera escrito en algún manual que le regalé el día en que empecé a confiar en ella ciegamente.
La vida es como un puzzle de miles y millones de piezas. Lo que asusta, es que al final de ella, cuando todo haya pasado, cuando mirar hacia adelante ya no tenga sentido porque el final está a las puertas y lo único que podamos hacer sea mirar hacia atrás, nos demos cuenta de que en nuestro puzzle faltaban piezas. Buscamos esas piezas una a una a lo largo del tiempo, queremos que todas encajen y nos desesperamos si no lo hacen o si ni siquiera sabemos dónde buscar. Pero no es importante encontrar todas las piezas, sólo es necesario aprender a disfrutar de las que nos va regalando la vida y rellenar con cariño los huecos que queden, porque al final, no tendremos el puzzle completo pero habremos disfrutado del juego.
Yo por mi parte, sigo sin saber qué será de mí mañana, sigo sin saber qué me deparará el futuro, pero estoy tan contenta de haber encontrado la pieza que encaja conmigo a la perfección, la llevaba ella en un bolsillo el día que nos conocimos... el resto de las piezas ya las encontraré, o no. No importa demasiado
Te quiero