8.30 de la mañana. Como todos los días cojo el tren en Atocha y me dirijo a mi centro de trabajo. Sentada en el tren, con la música puesta y aún ligeramente adormilada, observo a las personas que hay a mi alrededor, sólo miro, la música que sale por mis cascos pone el telón de fondo.

De repente algo capta mi atención. Hay dos personas a mi derecha, un hombre y una mujer, sentado el uno frente al otro. Ella, una mujer de mediana edad, lee el periódico atentamente, su rostro es serio, pienso que el madrugón no ha contribuido a alegrar su semblante. Él, un hombre de la misma edad aproximadamente, no hace nada. No capta mi atención hasta que con un gesto rápido, en realidad no tanto, pero a esas horas cualquier movimiento acelerado resulta más rápido de lo habitual, se dirige a ella y le dice algo, no lo escucho, la música me lo impide, mejor, así los gestos no  me pasan desapercibidos. Ella aparta la mirada del periódico, él cambia su postura y se acerca a ella, se conocen, es evidente, el lenguaje corporal me indica que son pareja. Ella no cambia su mirada, simplemente la orienta hacia él y espera que termine de decir lo que sea, no muestra interés, mientras que él cambia incluso de postura para enfatizar su mensaje, ella impasible, espera que termine. Él deja de hablar y se echa hacia atrás apoyando su derrota en el respaldo del asiento del tren,  tan vencido como él por el paso de los años de rutina. Ella vuelve a su lectura. Agudizo un poco la mirada y alcanzo a leer aquello que interesa a esta mujer más que la conversación de aquel que comparte con ella su cama. Y precisamente de eso se trata el artículo. Reza, en el titular, algo así como "Mi marido es un desastre en la cama". Entonces irónicamente todo  encaja o no, pero da que pensar. Y desconozco si ese hombre es un desastre o no, pero el desastre entre ellos es más que palpable. Quizás la solución a sus problemas empezaba por hablar más y leer menos, quizás compartir con él el artículo y el resto de cosas que dejaron de compartir hace tiempo sería más que aconsejable. Seguro que hay una solución, la pregunta es ¿Quieren solucionarlo?

 

PD: Aparto la mirada y miro por la ventanilla, y pienso en ella, ojalá estuviera allí en ese momento, para COMPARTIR, como hemos hecho siempre.