El Viernes no se acabó el mundo. A las 11 y 11 del día 11 del mes 11 del 2011 no pasó nada, el mundo no estalló por los aires y seguimos vivos.

A veces sólo nos damos cuenta de lo mucho que apreciamos la vida cuando nos amenazan con quitárnosla. En ese momento nos damos cuenta de que no hemos viajado lo suficiente, de que no hemos ido a ese restaurante que anunciaban el otro día en los periódicos y nos apeteció visitar, que no hemos ido a aquel concierto de aquel cantante que nos eriza la piel con frecuencia. Pero lo más importante es que nos damos cuenta del valor de la gente que nos rodea. De cuanto les amamos, de a cuantas personas queremos y sin cuantas de ellas no podríamos salir adelante.La amenaza de perderlos, de que les pase algo, de que nos pase algo y sufran como sabemos que lo harían, nos da de bruces con la realidad.

Somos seres dependientes, o al menos la mayoría de nosotros lo somos en mayor o menor medida. Y me doy cuenta de que no es un defecto, sino que es, muchas veces, lo que nos enseña a apreciar el milagro de la Vida, con sus cosas buenas y malas, con sus trampas y con sus aciertos. Nos hace valorar la oportunidad de cruzarnos unos con otros, de una manera misteriosa, sin sentido o con todo el sentido del mundo. Porque no deja de ser una curiosa coincidencia cada cruce. Aquella chica que conocimos en el lugar más inesperado y nos hizo tremendamente grandes cuando nos besó en aquel en aquel momento mágico, y luego nos hundió tan hondo cuando se alejó que creíamos que no podríamos respirar. Pero respiramos y nos seguimos cruzando por azar. Y así, una y otra vez, nos mezclamos con el resto del mundo, y creamos lazos y vínculos inquebrantables o increíblemente frágiles. En definitiva, crecemos, y mirar hacia atrás crea una sensación de vértigo y emoción indescriptible que se agolpa en el pecho, y necesitamos más tiempo, necesitamos seguir teniendo la posibilidad de equivocarnos, de acertar de lleno, de querer, de que nos quieran, de sentir y que nos sientan, necesitamos vivir, cada día, cada minuto o cada maldito segundo que nos quede y que eso nos haga sentir que todo merece la pena.

Y el 11 del 11 del 2011 a las 11 y 11 no pasó nada....o de repente pasó todo.